Y pensar que odio las mentiras y que fui una vil mentirosa.
Es que esto de la tecnología te obliga a hacerlo, sobretodo a alguien como yo, que le cuesta aceptar lo que siente y se da mil vueltas para confesar o no.
No sé qué es peor, el mentirse a sí mismo y mentirle a los demás o causar un daño.
Esa cosa de inseguridad que me invadía.
Me siento tan bien de que este rincón lleve más de un año, ya que puedo darme cuenta de cuánto he crecido y de lo que falta...
Ya no miento. Es un enorme paso.
Dejar de omitir es el segundo.
miércoles 17 de septiembre de 2008
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